Sunday, 16 December 2018

Japón. Parte III. Museo Miho.

No me acuerdo donde leí del museo Miho pero me acuerdo haber pensado que teníamos que ir. Entonces tomamos el shuttle del hotel a la estación de tren de Kyoto para tomar el tren a Ishiyama, de donde tomamos el ómnibus que pone unos 50 minutos al museo. Lleva tiempo llegar, pero es un viaje interesante que no recomiendo hacer en auto porque la ruta que agarra el ómnibus es muy angosta. El museo queda en el medio de la nada. Los árboles ya sin hojas sospecho son cerezos, entonces la segunda semana de abril debe de ser la mejor época para ir.

A unos 200+ metros del portón empieza un túnel plateado con aire futurístico de unos 100+ metros que atraviesa una colina. Prácticamente no había nadie en el túnel y las pocas personas que se nos cruzaron estaban muy bien vestidas e iban caminando muy despacio, como meditando. La excepción unos chinos muy fashion que venían en el omnibus (y moi) sacando fotos. Muy exótico. No es que no hubiese gente pero llegamos para el almuerzo y mucha gente estaba almorzando.

Por la curvatura del túnel el museo no se ve hasta ir acercándose a la salida, donde empieza un puente colgante. La idea es salir del túnel y llegar a un real-world Shangri-La. El museo está construido hacia abajo para estar más en harmonía con el paisaje. Acá se ve mejor, filmado desde un drone cuando Vuitton presentó la colección Cruise 2018. Todo el lugar está diseñado por I. M. Pei, el arquitecto chino de las pirámides del Louvre y la torre del Bank of China en Hong Kong.

El museo pertenece a Shinji Shumeikai, una comunidad/secta espiritual inspirada en las ideas del filósofo Mokichi Okada. Parecería que propagan por una vida plena de belleza (naturaleza, arquitectura y arte) porque mantienen que trae la harmonía que es la base de un mundo mejor. También promueven la agricultura natural a través del restaurante del museo. Venden varios productos ecológicos italianos, inclusive vino. Según Wikipedia están prohibidos en Europa porque supuestamente piden donaciones y es difícil dejar la comunidad pero por lo menos el sitio italiano parece seguir en pie. Acá hay una entrevista a la presidenta de la secta, Hiroko Koyama. El nombre Miho viene de su madre Mihoko, que fue la fundadora de la secta.

Al fondo los edificios de la comunidad, a los que creo no se puede ir. Lo que no me inspira mucho entusiasmo de la secta es que hablan de donar y recibir una "luz" para purificar el espíritu, pero habría que ver como lo implementan, de repente lo que quieren decir es que para ser feliz tenés que hacer feliz a los que te rodean. De ahí también el museo. La exposición permanente es de antigüedades de distintas partesdel mundo: China, India, Iran, Roma, Grecia, Egipto, etc. La exhibición temporánea era sobre cucharas de té, o más bien scoops (chashaku en japonés), la cuchara que se usa para sacar el té del tarro. Para mi gran sorpresa fue bastante más interesante de lo que esperaba siendo el te y las ceremonias alrededor del te algo tan esencial de la cultura japonesa. Recomendaría pero ya cerró.

El restaurante queda en la entrada antes de el portón de la primera foto. Se puede elegir entre menú italiano y japonés. Nosotros comimos japonés y los japoneses alrededor nuestro italiano. Totalmente recomiendo. También hay una cafetería en el museo mismo. Mi comida y un par de libros que compramos, The Book of Chanoyu abierto en la página de las chashaku. Parte de la exposición era de hombres importantes y sus chashakus, de ahí el otro libro.

Para el te volvimos a Kyoto. En general detesto el te pero no hay como un matcha bien verde y bien espeso que casi parece sopa con un buen dulce japonés. Totalmente recomiendo largarse hasta el museo Imho, aunque si es la primera visita y de repente la última va a depender de la persona. En Kyoto hay muchísimo para ver, y muy nice, pero creo que esto es bastante especial.