Sin Rolex y con iWatch. Cuando expliqué por qué dejaba el reloj en Suiza me pidieron el nombre del revendedor sueco para denunciarlo porque supuestamente Rolex siempre paga el transporte y los seguros si el reloj está en garantía. Increíble como me quisieron engañar en Estocolmo. El iWatch (con cellular) me costó más o menos lo mismo que me querían cobrar por mandar el reloj a Ginebra. Qué decir del iWatch. Es un clavo cargarlo pero es entretenido. Por ejemplo, al volver entramos en turbulencia y pude constatar que el heart rate me subió a más de 90. Y de mañana puedo apagar el despertador del teléfono desde el reloj, o bueno, un día sí un día no, porque una noche sí una noche me lo tengo que sacar para cargarlo.
También me encanta que me controla lo que me muevo. No tenía tan claro cuanto más me muevo estando de viaje que durante un día de trabajo normal. Ni ayer ni hoy completé mis Activity Goals diarios que de viaje completé antes de la tarde, de repente porque empezamos todos los días con la cardio walk que hay marcada por la rambla de Lugano. También me encanta que me avisa 15 minutos antes de mis reuniones. La verdad es que no me veo volviendo a un reloj mecánico como reloj principal. Como teléfono por ahora no lo puedo usar porque no hay fecha para cuando haya contratos en Suecia.
El sábado fuimos a Milano. Dejamos el auto en el parking de piazza Meda y enfilamos hacia las tiendas de siempre. Lamentablemente era un infierno de gente y tanta gente me puso de mal humor. Recién cuando almorzamos (tardisimo) en el Bulgari se me fue el mal humor. A las 7 cuando cerraron las tiendas nos volvimos a Lugano a cenar a la festa del otoño, yo a base de castañas. Vermicelles y marrons glacés con panna que bajé con prosecco. También me dieron a probar idromele del Ticino y nocino que es un licor típico del Ticino. Llena de azúcar y alcohol y del mejor de los humores me anoté a una clase de baile con una música espantosa con la frau del primo del suequín que estaban en Lugano desde el mediodía. Una de esas cosas que jamás haría en Estocolmo.
Este es el edificio de la intendencia. Las rosas están yendo hacia Gandria por Castagnola. Son en recuerdo a estos dos que cayeron al lago en una X6. Me imagino que iban demasiado rápido y no pudieron hacer la curva que es bastante cerrada. Menos mal que solo se mataron ellos.
J'adore Lugano.









